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martes, 21 de mayo de 2013

Segunda feria del libro y propaganda anarquista de Chile


Las cámaras de la Productora de Comunicación Social estuvieron presentes en la Segunda Feria del Libro y la Propaganda Anarquista, actividad que se realizó sin mayores inconvenientes en la ciudad de Santiago, Chile. Superando las expectativas de todas y todos, se calcula que a la feria asistieron más de 2.500 personas durante los días sábado 13 y domingo 14 de Abril.
El registro de la actividad se realizó en un formato relativamente clásico y asociado al ritmo televisivo. Quisimos experimentar la presencia de nuestro equipo en el encuadre, uno de nuestros compañeros que con micrófono en mano, nos acompañó haciendo un recorrido por la feria para conversar con los y las participantes.
Lamentablemente una parte importante de entrevistas realizadas el día sábado 13, se perdieron mientras estaban siendo procesadas, por lo que esperamos la comprensión de todas las personas que colaboraron con la realización de este video, entregándonos parte de su valioso tiempo para compartir un poquito la experiencia de este segundo encuentro.
Las opiniones expresadas en este video, son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente a nuestra Org. La ultima entrevista y cierre de este video, es un bonus track para la risa, nada mas. insistimos, nada mas, y claro, para quienes puedan reir. 
¡Salud y anarquia!


lunes, 20 de mayo de 2013

Los artistas hablan una semana contra la guerra y sirven al Capital el resto del año

Poema de radio de Carne cruda del 16 de mayo y en el que interviene Antonio Orihuela, poeta anarquista español.




Los cuidados recibidos durante el embarazo,
el amor de los padres,
la alimentación, el calzado, los vestidos,
la educación y especialización del trabajador.

Todas estas cosas, cuando entre uno en un trabajo,
¿cómo se miden?
¿van incluidas en el sueldo?

¿Entrarán en la próxima Reforma Laboral?

Antonio Orihuela

miércoles, 1 de mayo de 2013

Por un uno de mayo combativo

Manifiesto que ha repartido la CNT hoy en la manifestación de Granada.

Una vez más llega el 1 de mayo y otra vez salimos a la calle para rememorar aquel día en que fueron asesinados varios trabajadores pero consiguiendo arrancar a la patronal algunos derechos fundamentales, entre ellos la jornada de 8 horas.

Aunque aquello sucedió hace más de un siglo, la situación a lo largo de los últimos años se ha vuelto casi análoga a la de aquel entonces.

El capitalismo en su crecimiento voraz e ilimitado hace tiempo que chocó con la realidad, las finanzas no han podido desarrollarse más ya que estaban sometidas en la nada y desde hace tiempo nos vemos inmersos en una de esas crisis cíclicas inherentes al sistema. Por otra parte, lo que dieron en llamar Estado de Bienestar ha quebrado y actualmente está siendo vendido por partes para una supuesta gestión más eficiente, o eso dicen los neoliberales.

El actual gobierno, siguiendo el programa de recortes del anterior, ha provocado que nos encontremos en una situación desastrosa, con más de seis millones de parados sin contar los que se encuentran en situación irregular y los que han tomado la determinación de marcharse del país para ser ciudadanos de segunda en el extranjero, y sin contar, en menor medida, con los que se han quitado la vida en su desesperación, o los que han acabado encarcelados por su situación de miseria.

Los dirigentes estatales, ante esta situación, sólo han actuado ajustando las cuentas e intentando frenar el déficit recortando en lo que para ellos parece prescindible, el gasto social, es decir, han recortado lo destinado a sanidad y a educación. Otra medida importante que han tomado ha sido la de aumentar la represión contra quienes se atreven a alzar la voz. Esta represión la hemos vivido a través de multas, con afán recaudatorio, pero también en los malos tratos sufridos en las comisarías, en las cargas y pelotazos de los antidisturbios y en la privación de libertad de los compañeros.

Así pues la situación es muy parecida a la de los compañeros de Chicago, pero también muy distinta, pues también nos encontramos con una clase obrera domesticada, que ha confiado en unos partidos y sindicatos que los han traicionado continuamente y que han desactivado cualquier protesta social o que han planteado luchas sin futuro como las distintas huelgas de un solo día que se han venido sucediendo. Estos sindicatos han contribuido nefastamente al movimiento obrero mediante sus liberados sindicales que muchas veces han ejercido de mano derecha del empresario y que han ido degenerando en meros gestores de despidos. Aunque no hay que darles todo el mérito, pues han contado con la inestimable ayuda de unos medios de comunicación que han manipulado la opinión pública y han mentido, eso sí, de manera muy profesional.

Otra vez llega el uno de mayo y otra vez salimos a la calle, pero no por ningún fetichismo obrerista, ni por recordar a los muertos. Salimos a la calle para recordar la única manera de arrancar derechos a los que nos gobiernan, es decir, mediante la acción directa, la solidaridad, el apoyo mutuo y organizados horizontalmente, en asamblea. Y para recordar que viviremos bajo la sombre de la injusticia hasta que decidamos tomar el control de nuestras vidas por medio de la transformación social que dé el poder de decisión a las asambleas horizontales y libres, que no necesiten el Estado y puedan asumir los medios de producción en igualdad y no en explotación del hombre por el hombre. Que precisamente fue eso lo que querían y pretendían los Mártires de Chicagoo, sindicalistas anarquistas de los EEUU, hace ya más de un siglo.

Por un uno de mayo combativo.

Recuperemos la dignidad, organízate y lucha.

La lucha es el único camino.

CNT-AIT Granada

lunes, 29 de abril de 2013

Por el primero de mayo


Cada marcha termina con incidentes.  Siempre que las calles se ven  repletas de personas protestando  sobre ellas, la prensa se mantiene atenta, con  las cámaras preparadas para fotografiar al  encapuchado que lanza una piedra, que  enciende una molotov o que destruye el  inmobiliario público. Los primero de mayo  no son la excepción: La mayoría de las  ciudades se moviliza y en casi todas ellas se  registran incidentes. La prensa dice que son  los anarquistas aquellos que hacen el  vandalismo, y no falta el trabajador que  lanza comentarios tales como “los  anarquistas que se vayan de nuestra  marcha”, si supieran…

Para empezar, los anarquistas tenemos el  derecho pleno y absoluto de conmemorar el  primero de mayo, ya        que esta fecha es en  memoria de los Mártires de Chicago, 5  trabajadores sentenciados a la horca (Engel,  Fischer, Parsons, Vicent, Lingg) y 3  compañeros sentenciados a prisión (Fielden,  Neebe, Schwab) Todos ellos anarquistas,  condenados por el estado gringo como  venganza por los pacos muertos durante la  Revuelta de Haymarket, alzamiento popular  iniciado el 1 de mayo de 1886.

En Chile se empezó a conmemorar esta  fecha el año 1898, y fueron los anarquistas  (los mismos que lanzan piedras, destrozan la  ciudad y ponen bombas, según la prensa  burguesa) los que convocaron a la  manifestación. A partir de ese año que el  movimiento obrero local encontró su  instancia para luchar contra el estado, sin  embargo esta situación cambió  drásticamente el año 1925, cuando la Junta  Militar de entonces, bajo la excusa de  “reconocer” la labor de los trabajadores,  pero con la intención de quitarle el sentido  combativo a este día, declaró el primero de mayo como feriado nacional. Este hecho  derivó en que los trabajadores en vez de  salir a marchar, tomaran ese día como  descanso y no lo usaran como medio para  luchar. Incluso la iglesia católica salió al  baile, designando el primer día de mayo  como la festividad de San José Obrero.

Como se ve, la burguesía usa todo su poder  para desmerecer un día combativo y  transformarlo en un día de descanso para el  trabajador bajo la falsa excusa del  “reconocimiento a la labor de los  trabajadores en el engrandecimiento de  nuestra sociedad”.

En nuestro tiempo, el primero de mayo ha  perdido ampliamente ese sentido combativo  que tenía en antaño, por todo lo descrito en  el párrafo anterior y también por la  influencia de los partidos políticos de  izquierda y de derecha (Da lo mismo el  sector, todos son iguales). Los primeros de  mayo de principio de siglo eran instancias  para recordarle al obrero que la esclavitud  moderna se basa en el dinero, ese papel al  cual estamos atados, ya que sin el no  podemos vivir, sin embargo en la actualidad  se ha borrado de la mente eso, en cambio  ahora los primeros de mayo son una  plataforma para que los políticos corruptos  hagan ver la necesidad de un estado  benefactor, de un presidente al más puro  estilo de Allende, de que el triunfo se puede  ganar por los votos, que hay que  nacionalizar el cobre y un montón de  tonteras así, ¿Y dónde quedaron las ansias  de libertad?, ¿Dónde está ese deseo de  romper con la esclavitud del dinero?, ¿a qué  lugar mandaron la lucha por la  emancipación humana? En ningún lado  están, las eliminaron simplemente, porque  es más conveniente tener a un pueblo  sumiso antes que un pueblo rebelde y  luchando por algo justo, que es la emancipación de los individuos

Desde este periódico hacemos un llamado a  romper los esquemas, a cambiar la historia  nuevamente, necesitamos unos mártires de  Chicago, compañeros que estén dispuestos a  dar la vida por la noble causa de la libertad y  que sean un ejemplo para la eternidad de  que un mundo nuevo esta cada día más  cerca.

¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO! ¡GLORIA A LOS MÁRTIRES DE  CHICAGO! ¡VIVA LA ANARQUÍA!
Grupo anarquista El Sol Ácrata, Mayo de 2012

viernes, 5 de abril de 2013

Manifiesto de los iguales


Manifiesto de los iguales que se puede leer o descargar AQUÍ y cuyo autor es Sylvain Maréchal (1750-1803) Fue periodista, escritor, filósofo y hombre de acción comprometido con la sección más izquierdista de la revolución. Colaboró con Gracchus Babeuf en la conjura de los iguales y suyo es el escrito fundacional, es decir, este manifiesto, que fue la expresión libertaria de la Revolución.

MANIFIESTO DE LOS IGUALES

¡PUEBLO DE FRANCIA!
Durante quince siglos has vivido esclavo y, por tanto, infeliz. Desde hace seis años respiras apenas, esperando la independencia, la felicidad y la igualdad.

¡La Igualdad! ¡Primer deseo de la naturaleza, primera necesidad del hombre y principal vínculo de cualquier asociación legítima! ¡Pueblo de Francia! ¡Tu no has sido más favorecido que las demás naciones que malviven en este desafortunado mundo!... Siempre y en todas partes la pobre especie humana confiada a antropófagos más o menos hábiles sirvió de juguete de todas las ambiciones, de pasto de todas las tiranías. Siempre y en todas partes se adormeció a los hombres con bellas expresiones: nunca y en ningún lugar obtuvieron, junto a la palabra, la cosa. Desde tiempo inmemorial se nos repite de manera hipócrita que los hombres son iguales y desde tiempo inmemorial la más degradante y monstruosa desigualdad pesa insolentemente sobre el género humano. Desde que hay sociedades civiles, el más bello patrimonio del hombre es reconocido sin contradicción, pero aún no ha podido realizarse ni una sola vez: la igualdad no ha sido más que una bella y estéril ficción de la ley. Hoy, cuando es reclamada con voz más fuerte, se nos responde: ¡callaos, miserables! La igualdad real es sólo una quimera; contentaos con la igualdad condicionada; sois todos iguales ante la ley. Chusma ¿qué más necesitáis?

¿Que qué más necesitamos?

Legisladores, gobernantes, ricos propietarios, escuchad ahora vosotros.

Somos todos iguales ¿no es eso? Nadie niega ese principio porque, salvo si se padeciese locura, no podría decirse en serio que es de noche cuando es de día.

Pues bien, a partir de ahora pretendemos vivir y morir iguales, como hemos nacido; queremos la igualdad real o la muerte; eso es lo que necesitamos. Y tendremos esa igualdad real, no importa a qué precio. ¡Maldito sea quien se oponga a ese deseo expreso!

La revolución francesa es sólo la precursora de una revolución mucho más grande, mucho más solemne, y que será la última.

El pueblo ha pisoteado el cadáver de los reyes y los curas que se aliaron contra él: hará lo mismo con los nuevos tiranos, con los nuevos políticos mojigatos sentados en el lugar de los antiguos.

¿Que qué necesitamos además de la igualdad de derechos?

Necesitamos que esa igualdad no sólo esté escrita en la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano; la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas. Aceptamos cualquier cosa por ella, empezar de cero para obedecer a ella sólo. ¡Perezcan todas las artes, si es preciso, mientras nos quede la igualdad real!

Legisladores y gobernantes que tenéis tan poco talento como buena fe, propietarios ricos y sin entrañas, en vano tratáis de neutralizar nuestra sagrada acción diciendo: lo único que hacen es reproducir esa ley agraria pedida ya más de una vez antes de ellos.

Calumniadores, callaos vosotros y, en el silencio de la confusión, escuchad nuestras pretensiones dictadas por la naturaleza y basadas en la justicia.

La ley agraria o el reparto de los campos fue el deseo inmediato de algunos soldados sin príncipe, de algunos pueblos primitivos movidos por su instinto más que por la razón. Tendemos hacia algo más sublime y más equitativo, ¡el bien común o la comunidad de bienes! No más propiedad individual de las tierras; la tierra no es de nadie. Reclamamos, queremos, el goce comunal de los frutos de la tierra: esos frutos son de todos.

Declaramos que no podemos soportar por más tiempo que la inmensa mayoría de los hombres trabaje y sude al servicio y para en disfrute de la más ínfima minoría.

Mucho menos de un millón de individuos, y durante demasiado tiempo, dispone de lo que corresponde a más de veinte millones de sus semejantes, de sus iguales.

¡Que cese de una vez este gran escándalo que nuestros descendientes no querrán creer! Que desaparezcan de una vez las escandalosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y lacayos, gobernantes y gobernados.

Que no haya entre los hombres más diferencia que las de la edad y el sexo. Puesto que todos tienen las mismas necesidades y las mismas facultades, que haya para ellos una única educación, un único sustento. Si se contentan con un solo sol y con mismo aire para todos ¿por qué no habría de ser suficiente la misma porción y la misma calidad e alimentos para cada uno de ellos?

Pero los enemigos del más natural de los órdenes de cosas que se pueda imaginar gritan ya contra nosotros. Desorganizadores y rebeldes, nos dicen, sólo queréis masacres y botín.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

No perderemos el tiempo contestándoles, pero te diremos que la sagrada acción que organizamos no tiene más objetivo que poner fin a las disensiones civiles y a la miseria pública.

Nunca ha sido concebido y puesto en marcha un propósito mayor. De tarde en tarde, algunos hombres de talento, algunos sabios, han hablado de ello en voz baja y temblorosa. Ninguno de ellos tuvo el coraje de decir la verdad completa.

Ha llegado el momento de las grandes medidas. El mal está en su punto más alto; cubre la faz de la tierra. El caos, con el nombre de política, reina en ella desde hace demasiados siglos. Que todo retorne al orden y vuelva a su lugar.

¡Que todos los elementos de la justicia y la felicidad se organicen ante la llamada de la igualdad!

Ha llegado el momento de fundar la República de los Iguales, ese gran hospicio abierto a todos los hombres. Han llegado los días de la restitución general. Familias quejumbrosas, venid a sentaros a la mesa común levantada por la naturaleza para todos sus hijos.

¡PUEBLO DE FRANCIA!
¡La más pura de las glorias te estaba reservada! Sí; tu debes ser el primero en ofrecer al mundo ese conmovedor espectáculo.

Viejas costumbres, antiguas prevenciones, querrán de nuevo poner obstáculos al establecimiento de la República de los Iguales. La organización de la igualdad real, la única que responde a todas las necesidades, sin provocar víctimas, sin que cueste grandes sacrificios, puede que de entrada no le guste a todo el mundo.

El egoísta, el ambicioso, temblará de rabia. Los que poseen injustamente clamarán que es injusticia. Los goces exclusivos, los placeres solitarios, los acomodos personales provocarán fuerte rechazo a algunos individuos hastiados de los sufrimientos ajenos. Los amantes del poder absoluto, los viles secuaces de la autoridad arbitraria replegarán con pena sus orgullosas cabezas bajo el nivel de la igualdad real. Su corta visión penetrará con dificultad en la próxima llegada de una felicidad común, pero ¿qué pueden algunos millares de descontentos contra una masa de hombres, todos ellos felices y sorprendidos de haber buscado tanto tiempo una felicidad que tenían al alcance de la mano?

Inmediatamente después de esta verdadera revolución, se dirán extrañados: ¡qué cosa! ¿La felicidad común dependía de tan poco? No teníamos más que quererla. ¡Por qué no la habremos querido antes! Sin duda, con un sólo hombre en la tierra que sea más rico, más poderoso que sus semejantes, que sus iguales, el equilibrio se rompe; el crimen y la desdicha se hacen presentes.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

¿En qué signo, a partir de ahora, debes reconocer la excelencia de una constitución?... Aquella que, en su totalidad, reposa sobre la igualdad de hecho es la única que puede convenirte y satisfacer todos tus deseos.

Las constituciones aristocráticas de 1791 y de 1795 remachaban tus cadenas en lugar de cortarlas. La de 1793 era un gran paso hacia la igualdad real; nunca antes nos habíamos acercado tanto a ella; pero aún no llegaba al objetivo y no acometía en absoluto la tarea de la felicidad común que, sin embargo, consagraba solemnemente como un gran principio.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

Abre los ojos y el corazón a la plenitud de la felicidad: reconoce y proclama con nosotros la República de los Iguales.