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domingo, 9 de junio de 2013

¿Qué es la guerra?


La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen,
para provecho de gentes que sí se conocen,
pero que no se masacran.

Paul Valéry (1871-1945)

viernes, 17 de mayo de 2013

Amor - Jean Marestan

Esta es parte de la definición de amor extraída de Amor libre, eros o anarquía, que es un conjunto de textos compilados por Osvaldo Baigorria. Se puede encontrar Aquí:

Fuente

AMOR (Jean Marestan):


Apego sentimental a una persona o gusto pronunciado por una cosa. Tal es la definición de uso corriente que, sin pretenderla perfecta, parece ser la más apropiada para expresar diversos sentimientos que, con frecuencia, tanto por su origen como por su naturaleza, no tienen casi ninguna relación entre sí. Nuestra definición no será completa si no distinguimos entre el amor que tiene por objeto las cosas y el amor que tiene por base a seres animados, principalmente a los seres humanos. Y, en este último caso, distinguir entre el amor que se siente por uno mismo y el que sentimos por el prójimo; entre el amor idealista, familiar o apasionado, y el amor sexual, porque las características no son idénticas.

[...]


Ni el amor propio, ni el amor a sí mismo deben confundirse con el egoísmo que, desde el punto de vista de la utilidad social, no es una virtud, sino un vicio, si para la palabra egoísmo queremos conservar la significación consagrada por el uso y no exenta de razón. En efecto, la palabra egoísmo no significa –con arreglo a su etimología– amor a sí mismo, sino sobre todo rebuscamiento de satisfacciones personales sin consideración a las consecuencias que esa satisfacción pueda tener para el prójimo. Definido así, el egoísmo aparece como un notable factor de tiranía y como uno de los más grandes obstáculos para la armonía social.

[...]


En cualquiera de sus manifestaciones, ennoblecido por la inteligencia y el saber, o simple y llanamente en su expresión sexual, el amor debe ser libre. Se basta a sí mismo desde el instante en que sin dañar a nadie embellece nuestra existencia y contribuye a nuestra felicidad. El amor no tiene necesidad de la excusa de la procreación, que es solamente su consecuencia normal, ni de una sanción legal o religiosa, que no son más que reglamentos interesados o simples formalidades convencionales. El amor contiene su propia poesía y su plena justificación. El humo del incienso y la lectura monótona del código civil son incapaces de hacer nacer el amor en donde no existe, de conferirle moralidad donde no es más que asqueroso regateo. El despotismo del legislador es impotente para restablecer la unión de almas y el apetito de los sentidos en el seno del hogar donde no exista más que animosidad y odio.


Admitir el principio de la libertad del amor es reivindicar intensamente para los demás, como para nosotros mismos, el derecho de amar a quien nos plazca, de la manera que nos plazca, sin otra obligación que la de tomar bajo nuestra responsabilidad el daño que nuestra conducta haya aportado a la existencia del prójimo”.



domingo, 21 de abril de 2013

Internet: el tabaco del siglo XXI

Me preocupa la intensa relación entre tecnología y consumismo. Al mundo le han dado algo que no pidió para que consumamos más, y encima nos lo visten de retórica progresista, como si ver en Twitter la foto del plato de alubias que un amigo se está comiendo en Los Ángeles fuera un gran avance. Los contenidos vinculados a estas tecnologías no dan sentido a la vida. Estoy en guerra contra eso, y en ese sentido Internet es mi enemigo. Mi objetivo es escribir para otro tipo de gente: los que no aceptan las políticas simplistas ni narrativas sencillas ni vidas superficiales. Yo veo Internet como el tabaco del siglo XXI. En los años 50, todo el mundo fumaba. Hoy todos van tecleando compulsivamente por la calle. Hasta yo siento ansiedad si llevo dos horas sin consultar e-mails. Todos sienten que así pierden el tiempo pero no puede dejar de hacerlo. Ahí entramos los novelistas: un buen libro detiene el reloj y la vía de escape que ofrece es enriquecedora, no embrutece.

Jonathan Franzen

Fuente: LaVanguardia


miércoles, 3 de abril de 2013

Así enloquecí



Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:
-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!
Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:
-Miren! ¡Es un loco!
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!
Así fue que me convertí en un loco. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser  comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Principio de El loco de Khalil Gibran que se puede leer o descargar AQUÍ

martes, 2 de abril de 2013

¿Qué es una utopía?

¿Qué es una utopía? Un sueño no realizado, pero no irrealizable. La utopía de Galileo es ahora una verdad, ha triunfado a despecho de la sentencia de sus jueces: la tierra gira. La utopía de Cristóbal Colón se ha realizado a pesar de los clamores de sus retractores: un nuevo mundo, la América, ha surgido a su conjuro, de las profundidades del Océano. ¿Qué fue Salomón de Caus? Un utopista, un loco, pero un loco que descubrió el vapor. ¿Y Fulton? También un utopista. Preguntad más bien a los académicos del Instituto... Todas las ideas innovadoras fueron utopías en su nacimiento.

Joseph Dejacques, El Humanisferio, pág. 62, la protesta, Buenos Aires, 1927