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miércoles, 1 de mayo de 2013

Por un uno de mayo combativo

Manifiesto que ha repartido la CNT hoy en la manifestación de Granada.

Una vez más llega el 1 de mayo y otra vez salimos a la calle para rememorar aquel día en que fueron asesinados varios trabajadores pero consiguiendo arrancar a la patronal algunos derechos fundamentales, entre ellos la jornada de 8 horas.

Aunque aquello sucedió hace más de un siglo, la situación a lo largo de los últimos años se ha vuelto casi análoga a la de aquel entonces.

El capitalismo en su crecimiento voraz e ilimitado hace tiempo que chocó con la realidad, las finanzas no han podido desarrollarse más ya que estaban sometidas en la nada y desde hace tiempo nos vemos inmersos en una de esas crisis cíclicas inherentes al sistema. Por otra parte, lo que dieron en llamar Estado de Bienestar ha quebrado y actualmente está siendo vendido por partes para una supuesta gestión más eficiente, o eso dicen los neoliberales.

El actual gobierno, siguiendo el programa de recortes del anterior, ha provocado que nos encontremos en una situación desastrosa, con más de seis millones de parados sin contar los que se encuentran en situación irregular y los que han tomado la determinación de marcharse del país para ser ciudadanos de segunda en el extranjero, y sin contar, en menor medida, con los que se han quitado la vida en su desesperación, o los que han acabado encarcelados por su situación de miseria.

Los dirigentes estatales, ante esta situación, sólo han actuado ajustando las cuentas e intentando frenar el déficit recortando en lo que para ellos parece prescindible, el gasto social, es decir, han recortado lo destinado a sanidad y a educación. Otra medida importante que han tomado ha sido la de aumentar la represión contra quienes se atreven a alzar la voz. Esta represión la hemos vivido a través de multas, con afán recaudatorio, pero también en los malos tratos sufridos en las comisarías, en las cargas y pelotazos de los antidisturbios y en la privación de libertad de los compañeros.

Así pues la situación es muy parecida a la de los compañeros de Chicago, pero también muy distinta, pues también nos encontramos con una clase obrera domesticada, que ha confiado en unos partidos y sindicatos que los han traicionado continuamente y que han desactivado cualquier protesta social o que han planteado luchas sin futuro como las distintas huelgas de un solo día que se han venido sucediendo. Estos sindicatos han contribuido nefastamente al movimiento obrero mediante sus liberados sindicales que muchas veces han ejercido de mano derecha del empresario y que han ido degenerando en meros gestores de despidos. Aunque no hay que darles todo el mérito, pues han contado con la inestimable ayuda de unos medios de comunicación que han manipulado la opinión pública y han mentido, eso sí, de manera muy profesional.

Otra vez llega el uno de mayo y otra vez salimos a la calle, pero no por ningún fetichismo obrerista, ni por recordar a los muertos. Salimos a la calle para recordar la única manera de arrancar derechos a los que nos gobiernan, es decir, mediante la acción directa, la solidaridad, el apoyo mutuo y organizados horizontalmente, en asamblea. Y para recordar que viviremos bajo la sombre de la injusticia hasta que decidamos tomar el control de nuestras vidas por medio de la transformación social que dé el poder de decisión a las asambleas horizontales y libres, que no necesiten el Estado y puedan asumir los medios de producción en igualdad y no en explotación del hombre por el hombre. Que precisamente fue eso lo que querían y pretendían los Mártires de Chicagoo, sindicalistas anarquistas de los EEUU, hace ya más de un siglo.

Por un uno de mayo combativo.

Recuperemos la dignidad, organízate y lucha.

La lucha es el único camino.

CNT-AIT Granada

viernes, 5 de abril de 2013

Manifiesto de los iguales


Manifiesto de los iguales que se puede leer o descargar AQUÍ y cuyo autor es Sylvain Maréchal (1750-1803) Fue periodista, escritor, filósofo y hombre de acción comprometido con la sección más izquierdista de la revolución. Colaboró con Gracchus Babeuf en la conjura de los iguales y suyo es el escrito fundacional, es decir, este manifiesto, que fue la expresión libertaria de la Revolución.

MANIFIESTO DE LOS IGUALES

¡PUEBLO DE FRANCIA!
Durante quince siglos has vivido esclavo y, por tanto, infeliz. Desde hace seis años respiras apenas, esperando la independencia, la felicidad y la igualdad.

¡La Igualdad! ¡Primer deseo de la naturaleza, primera necesidad del hombre y principal vínculo de cualquier asociación legítima! ¡Pueblo de Francia! ¡Tu no has sido más favorecido que las demás naciones que malviven en este desafortunado mundo!... Siempre y en todas partes la pobre especie humana confiada a antropófagos más o menos hábiles sirvió de juguete de todas las ambiciones, de pasto de todas las tiranías. Siempre y en todas partes se adormeció a los hombres con bellas expresiones: nunca y en ningún lugar obtuvieron, junto a la palabra, la cosa. Desde tiempo inmemorial se nos repite de manera hipócrita que los hombres son iguales y desde tiempo inmemorial la más degradante y monstruosa desigualdad pesa insolentemente sobre el género humano. Desde que hay sociedades civiles, el más bello patrimonio del hombre es reconocido sin contradicción, pero aún no ha podido realizarse ni una sola vez: la igualdad no ha sido más que una bella y estéril ficción de la ley. Hoy, cuando es reclamada con voz más fuerte, se nos responde: ¡callaos, miserables! La igualdad real es sólo una quimera; contentaos con la igualdad condicionada; sois todos iguales ante la ley. Chusma ¿qué más necesitáis?

¿Que qué más necesitamos?

Legisladores, gobernantes, ricos propietarios, escuchad ahora vosotros.

Somos todos iguales ¿no es eso? Nadie niega ese principio porque, salvo si se padeciese locura, no podría decirse en serio que es de noche cuando es de día.

Pues bien, a partir de ahora pretendemos vivir y morir iguales, como hemos nacido; queremos la igualdad real o la muerte; eso es lo que necesitamos. Y tendremos esa igualdad real, no importa a qué precio. ¡Maldito sea quien se oponga a ese deseo expreso!

La revolución francesa es sólo la precursora de una revolución mucho más grande, mucho más solemne, y que será la última.

El pueblo ha pisoteado el cadáver de los reyes y los curas que se aliaron contra él: hará lo mismo con los nuevos tiranos, con los nuevos políticos mojigatos sentados en el lugar de los antiguos.

¿Que qué necesitamos además de la igualdad de derechos?

Necesitamos que esa igualdad no sólo esté escrita en la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano; la queremos entre nosotros, bajo el techo de nuestras casas. Aceptamos cualquier cosa por ella, empezar de cero para obedecer a ella sólo. ¡Perezcan todas las artes, si es preciso, mientras nos quede la igualdad real!

Legisladores y gobernantes que tenéis tan poco talento como buena fe, propietarios ricos y sin entrañas, en vano tratáis de neutralizar nuestra sagrada acción diciendo: lo único que hacen es reproducir esa ley agraria pedida ya más de una vez antes de ellos.

Calumniadores, callaos vosotros y, en el silencio de la confusión, escuchad nuestras pretensiones dictadas por la naturaleza y basadas en la justicia.

La ley agraria o el reparto de los campos fue el deseo inmediato de algunos soldados sin príncipe, de algunos pueblos primitivos movidos por su instinto más que por la razón. Tendemos hacia algo más sublime y más equitativo, ¡el bien común o la comunidad de bienes! No más propiedad individual de las tierras; la tierra no es de nadie. Reclamamos, queremos, el goce comunal de los frutos de la tierra: esos frutos son de todos.

Declaramos que no podemos soportar por más tiempo que la inmensa mayoría de los hombres trabaje y sude al servicio y para en disfrute de la más ínfima minoría.

Mucho menos de un millón de individuos, y durante demasiado tiempo, dispone de lo que corresponde a más de veinte millones de sus semejantes, de sus iguales.

¡Que cese de una vez este gran escándalo que nuestros descendientes no querrán creer! Que desaparezcan de una vez las escandalosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y lacayos, gobernantes y gobernados.

Que no haya entre los hombres más diferencia que las de la edad y el sexo. Puesto que todos tienen las mismas necesidades y las mismas facultades, que haya para ellos una única educación, un único sustento. Si se contentan con un solo sol y con mismo aire para todos ¿por qué no habría de ser suficiente la misma porción y la misma calidad e alimentos para cada uno de ellos?

Pero los enemigos del más natural de los órdenes de cosas que se pueda imaginar gritan ya contra nosotros. Desorganizadores y rebeldes, nos dicen, sólo queréis masacres y botín.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

No perderemos el tiempo contestándoles, pero te diremos que la sagrada acción que organizamos no tiene más objetivo que poner fin a las disensiones civiles y a la miseria pública.

Nunca ha sido concebido y puesto en marcha un propósito mayor. De tarde en tarde, algunos hombres de talento, algunos sabios, han hablado de ello en voz baja y temblorosa. Ninguno de ellos tuvo el coraje de decir la verdad completa.

Ha llegado el momento de las grandes medidas. El mal está en su punto más alto; cubre la faz de la tierra. El caos, con el nombre de política, reina en ella desde hace demasiados siglos. Que todo retorne al orden y vuelva a su lugar.

¡Que todos los elementos de la justicia y la felicidad se organicen ante la llamada de la igualdad!

Ha llegado el momento de fundar la República de los Iguales, ese gran hospicio abierto a todos los hombres. Han llegado los días de la restitución general. Familias quejumbrosas, venid a sentaros a la mesa común levantada por la naturaleza para todos sus hijos.

¡PUEBLO DE FRANCIA!
¡La más pura de las glorias te estaba reservada! Sí; tu debes ser el primero en ofrecer al mundo ese conmovedor espectáculo.

Viejas costumbres, antiguas prevenciones, querrán de nuevo poner obstáculos al establecimiento de la República de los Iguales. La organización de la igualdad real, la única que responde a todas las necesidades, sin provocar víctimas, sin que cueste grandes sacrificios, puede que de entrada no le guste a todo el mundo.

El egoísta, el ambicioso, temblará de rabia. Los que poseen injustamente clamarán que es injusticia. Los goces exclusivos, los placeres solitarios, los acomodos personales provocarán fuerte rechazo a algunos individuos hastiados de los sufrimientos ajenos. Los amantes del poder absoluto, los viles secuaces de la autoridad arbitraria replegarán con pena sus orgullosas cabezas bajo el nivel de la igualdad real. Su corta visión penetrará con dificultad en la próxima llegada de una felicidad común, pero ¿qué pueden algunos millares de descontentos contra una masa de hombres, todos ellos felices y sorprendidos de haber buscado tanto tiempo una felicidad que tenían al alcance de la mano?

Inmediatamente después de esta verdadera revolución, se dirán extrañados: ¡qué cosa! ¿La felicidad común dependía de tan poco? No teníamos más que quererla. ¡Por qué no la habremos querido antes! Sin duda, con un sólo hombre en la tierra que sea más rico, más poderoso que sus semejantes, que sus iguales, el equilibrio se rompe; el crimen y la desdicha se hacen presentes.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

¿En qué signo, a partir de ahora, debes reconocer la excelencia de una constitución?... Aquella que, en su totalidad, reposa sobre la igualdad de hecho es la única que puede convenirte y satisfacer todos tus deseos.

Las constituciones aristocráticas de 1791 y de 1795 remachaban tus cadenas en lugar de cortarlas. La de 1793 era un gran paso hacia la igualdad real; nunca antes nos habíamos acercado tanto a ella; pero aún no llegaba al objetivo y no acometía en absoluto la tarea de la felicidad común que, sin embargo, consagraba solemnemente como un gran principio.

¡PUEBLO DE FRANCIA!

Abre los ojos y el corazón a la plenitud de la felicidad: reconoce y proclama con nosotros la República de los Iguales.




miércoles, 27 de marzo de 2013

Manifiesto FJ


Representamos un movimiento independiente de cualquier sistema y corporativismo social. Sin ánimo de lucro, con ánimo de lucha. Este movimiento se mueve más por conseguir los objetivos que se propone que por seguir unas normas implantadas. Abierto al debate, a la crítica, a las nuevas ideas, a los nuevos colores, a la buena voluntad.

Los objetivos a los que nos referimos se basan en promover la reflexión a través de la cultura para crear mentes críticas capaces de ver alternativas al sistema. Nuestra lucha diaria será en contra de la pasividad mental en la que hoy en día está sumida la mayoría de la población, y esta lucha se llevará a cabo, en la medida de nuestras posibilidades, a través de acciones directas a pie de calle que trastoquen la realidad a la que el individuo de la ciudad está acostumbrado o a través de escritos difundidos por nuestro blog. No obstante, las oportunidades de actuar son contextuales, es decir, cambian dependiendo de la situación, y creemos que establecer un marco en un principio es cerrarnos a grandes proyectos, grandes posibilidades con grandes resultados. Las acciones serán promovidas siempre a través de la cultura. Creemos en el poder del arte, de la reflexión crítica, del espectáculo, de la música, en definitiva, de una cultura capaz de mover mentes y con ello manos. Manos de personas individuales que formemos un colectivo capaz de dar voz a esa rabia contenida y dar alas a esas ansias de libertad.

No nos posicionamos en una única ideología y no pertenecemos a ningún partido político, pero sí nos posicionamos en una única ética que creemos esencial, que defiende valores como la igualdad, libertad individual, el respeto a la naturaleza, y fraternidad. Por lo tanto, nuestras acciones siempre se moverán a raíz de esto, y si esto nos marca ideológicamente, será un efecto inevitable. No somos lo que decimos, somos lo que hacemos y, por tanto, nuestra ideología será mucho más real y concreta en los actos reivindicativos que se lleven a cabo, no en un manifiesto.

La financiación se llevará a cabo por autogestión, es decir, recaudando dinero de manera práctica cuando sea necesario. Siempre sin ánimo de lucro.
Queremos cambiar la realidad que nos rodea y no tenem0s nada mejor que hacer que conseguirlo.


Filometa Jara.